De octubre a marzo, el resfriado en la escuela infantil es casi un miembro más del aula: narices que gotean, toses en la siesta y familias que preguntan cada mañana si su hijo puede quedarse. Para la dirección y el equipo educativo, la duda práctica es siempre la misma: ¿cuándo puede asistir un niño con mocos, cuándo hay que llamar a casa y qué se puede hacer en el centro para que el catarro no pase de mesa en mesa? Esta guía reúne lo que dicen las fuentes pediátricas, los criterios que conviene fijar por escrito, los cuidados razonables en el aula y cómo comunicarlo a las familias sin generar alarma ni conflictos.
Por qué el resfriado es tan frecuente en la escuela infantil
El catarro común es una infección vírica de las vías respiratorias altas. Según la información para familias de la Asociación Española de Pediatría, en los primeros años de vida es muy habitual que un niño tenga entre seis y ocho catarros al año. Cada episodio suele durar entre 7 y 10 días, aunque la tos puede mantenerse hasta tres semanas mientras va disminuyendo poco a poco.
En el primer ciclo se suman varios factores: el sistema inmunitario aún está conociendo muchos virus por primera vez, los niños se llevan las manos y los juguetes a la boca, comparten espacios pequeños durante horas y todavía no saben sonarse ni taparse al toser. Por eso, el primer invierno de escolarización suele ser el más intenso, algo que conviene explicar a las familias de nuevo ingreso desde la entrevista inicial.
Un dato que tranquiliza mucho a las familias: que los mocos pasen de claros a blanquecinos, amarillos o verdosos forma parte de la evolución normal del catarro y, por sí solo, no indica una complicación ni la necesidad de antibiótico. Los antibióticos no son eficaces contra los virus del resfriado, y cualquier tratamiento debe decidirlo el pediatra.
¿Puede ir a la escuela infantil un niño resfriado?
No existe una norma estatal única que lo regule, y aquí conviene ser precisos: los criterios de asistencia dependen de cada comunidad autónoma, del reglamento del propio centro y, en las escuelas públicas, de lo que establezca la administración titular. Antes de redactar o revisar vuestra política, consulta con la consejería de educación o de sanidad de tu comunidad y con vuestro servicio de salud de referencia.
Como orientación, la Academia Americana de Pediatría resume en su web para familias, HealthyChildren.org, tres motivos para que un niño no acuda al centro:
- Que su estado le impida participar cómodamente en las actividades.
- Que necesite más atención de la que el equipo puede darle sin desatender al resto del grupo.
- Que suponga un riesgo de contagio de una enfermedad que requiera exclusión.
Según esa misma fuente, el resfriado común, el goteo nasal (sea del color que sea) y la tos, sin otros síntomas, no son por sí mismos motivo de exclusión. Otros servicios de salud, como Osakidetza, recomiendan permitir que el niño se quede en casa cuando está acatarrado, para que se recupere y para reducir contagios. Las dos ideas son compatibles: un catarro leve en un niño que juega, come y duerme con normalidad no suele justificar la exclusión, pero un niño que está a disgusto, muy congestionado o decaído se recupera mejor en casa.
La clave para la dirección es que el criterio esté escrito, sea conocido por todas las familias desde la matrícula y se aplique igual para todos.
Señales para avisar a la familia durante la jornada
Un catarro puede empeorar a lo largo del día. Estas son señales que justifican llamar a la familia y, según el caso, recomendar que el niño sea valorado por su pediatra:
- Fiebre: aplica el protocolo del centro; tienes los criterios detallados en la guía sobre fiebre en la escuela infantil y cuándo avisar.
- Dificultad para respirar: respiración rápida, se le marcan las costillas o el hueco del cuello al respirar, aleteo nasal, quejido o pitidos. En lactantes, esto puede indicar una bronquiolitis y requiere avisar de inmediato. Si la dificultad es grave o hay coloración azulada de labios, llama al 112.
- Decaimiento marcado: el niño está muy apagado, cuesta despertarle de la siesta o no responde como siempre.
- Rechazo de la comida y de la bebida: sobre todo en bebés, si la congestión les impide tomar el biberón o el pecho.
- Dolor de oído: se toca la oreja con insistencia, llora al tumbarse o hay supuración.
- Tos que no le deja comer, dormir o jugar.
El servicio vasco de salud indica, además, que conviene consultar si la fiebre supera los 38,5 °C durante más de tres días, si los síntomas no mejoran tras 14 días o si la fiebre reaparece después de haber desaparecido. Son datos útiles para orientar a las familias, aunque la decisión clínica corresponde siempre al pediatra.
Cuidados razonables en el aula con un niño acatarrado
La escuela no trata el resfriado, pero sí puede hacer que el día sea más llevadero:
- Limpiar la nariz con pañuelos desechables, uno por uso, tirarlos a una papelera con tapa y lavarse las manos después.
- Ofrecer agua con frecuencia y dar más tiempo en las comidas: con la nariz tapada comer cuesta más.
- Respetar el ritmo: si el niño está cansado, proponerle actividades tranquilas o un rato de descanso extra.
- Siesta segura: en bebés, mantener las pautas de sueño seguro del centro (boca arriba, sin cojines ni objetos en la cuna) aunque esté congestionado.
- Lavados nasales: el suero fisiológico alivia la congestión, pero solo deben hacerse en el centro si así lo recoge vuestro protocolo y con autorización expresa de la familia. Muchos centros se limitan a la limpieza externa con pañuelo.
- Nada de medicamentos sin protocolo: jarabes, mucolíticos o antitérmicos solo se administran según lo previsto en vuestro protocolo de administración de medicamentos, con prescripción y autorización escrita.

Cómo reducir los contagios de resfriado en la escuela infantil
Es imposible evitar todos los catarros en un aula 0-3, pero sí se puede bajar la intensidad de la temporada con medidas sencillas y constantes:
- Higiene de manos de niños y adultos al llegar, antes de comer, después de cambiar pañales y tras limpiar narices. La técnica y los momentos clave están en nuestra guía de lavado de manos en la escuela infantil.
- Ventilación: abrir ventanas varias veces al día, aunque haga frío, en momentos en que no haya niños dormidos junto a la corriente.
- Limpieza de juguetes que van a la boca: separarlos en una caja de «para lavar» en cuanto un niño los suelte.
- Objetos personales: chupetes, vasos, baberos y sábanas, identificados y sin compartir.
- Gesto de taparse: con los niños de 2 a 3 años se puede empezar a jugar a toser en el codo, como imitación de lo que hace la educadora.
- El equipo también: las educadoras resfriadas se contagian y contagian. Planificar sustituciones y pañuelos al alcance evita improvisaciones.
Qué debe incluir la política de salud del centro sobre catarros
La mayoría de los conflictos con familias por un resfriado nacen de criterios que no estaban claros. Un documento breve, entregado en la matrícula y recordado al inicio de la temporada de virus, debería recoger:
- Qué síntomas impiden la asistencia y cuáles no, en línea con las indicaciones de vuestra comunidad.
- En qué situaciones se llama a la familia durante la jornada y en cuánto tiempo se espera la recogida.
- Quién decide en el centro (la tutora, la dirección) y cómo se registra.
- Qué cuidados se hacen en el aula (limpieza nasal, lavados, medicamentos) y con qué autorizaciones.
- Cómo se informa al grupo cuando hay muchos casos de un mismo cuadro, sin identificar a ningún niño.
Si queréis integrarlo en un marco más amplio, encaja dentro del apartado de salud del proyecto educativo de centro o del reglamento interno.
Ejemplo práctico: noviembre en un aula de 1 a 2 años
En un aula de once niños de 1 a 2 años, siete llegan un lunes de noviembre con mocos. La tutora no llama a ninguna familia por los mocos en sí, pero sí está atenta. A media mañana, Lucía rechaza el almuerzo y respira más deprisa de lo habitual; la educadora observa que se le marcan las costillas y avisa a la dirección, que llama a la familia y recomienda que la vea su pediatra esa misma tarde. Al resto se les limpia la nariz con pañuelos desechables, se ventila el aula tras el patio y los juguetes de la zona de bebés pasan a la caja de lavar.
Por la tarde, la dirección envía un aviso breve al aula: «Esta semana hay muchos catarros en el grupo. Os recordamos que los mocos sin fiebre no impiden venir si el niño está bien, y que os llamaremos si notamos dificultad para respirar, fiebre o decaimiento». Ninguna familia se siente señalada y todas saben qué esperar.
Comunicar el resfriado a las familias sin generar alarma
El tono importa tanto como el contenido. Algunas pautas:
- Describe lo observado, no diagnostiques: «ha tosido bastante en la siesta» en lugar de «tiene bronquitis».
- Da información útil para casa: cuánto ha comido, cuánto ha dormido, si ha estado más irritable.
- Recuerda los criterios del centro cuando haya dudas, sin reproches.
- Para llamadas durante la jornada, sigue el enfoque de la guía sobre cómo comunicar incidencias a las familias.
Cuando el registro diario de comidas, siesta y salud llega a la familia cada tarde, como permite una agenda digital como Soleado, es más fácil que detecten a tiempo un empeoramiento en casa.
Un catarro se sigue mejor con datos del día. En Soleado la educadora anota en el registro diario cómo ha comido, cuánto ha dormido y una nota de salud, y la dirección puede enviar avisos al aula cuando hay muchos casos.
Checklist de la temporada de catarros
- Política de asistencia revisada con la normativa de tu comunidad y enviada a todas las familias.
- Pañuelos desechables, papeleras con tapa y jabón en cada aula.
- Rutina de ventilación con horarios fijos.
- Caja de juguetes «para lavar» en las aulas de bebés y de 1 a 2 años.
- Equipo formado en señales de dificultad respiratoria y en el protocolo de fiebre.
- Autorizaciones de medicamentos y lavados nasales al día.
- Plan de sustituciones para el personal enfermo.
El resfriado no se va a ir de la escuela infantil, pero un criterio claro, unos cuidados sensatos y una comunicación tranquila convierten la temporada de virus en algo manejable para el equipo y para las familias.
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