Una caída, un mordisco de otro niño o un pequeño golpe son parte normal de cualquier aula de educación infantil. Cómo se comunica esa incidencia a la familia influye mucho más en su reacción que la incidencia en sí misma.
Comunicar rápido, pero sin exagerar el tono
El error más común es esperar demasiado a comunicar algo (la familia se entera al recoger al niño y se pregunta por qué no le avisaron antes) o, en el otro extremo, escribir con un tono tan alarmante que la familia se preocupa por algo menor. El tono correcto es factual: qué pasó, cómo se actuó, y cómo está el niño ahora.
Una estructura simple que funciona
- Qué pasó: describir el hecho sin adornos ni suposiciones ("se cayó jugando en el patio" en vez de "se lastimó feo").
- Qué se hizo: la acción concreta tomada (se limpió la herida, se aplicó hielo, se avisó a la dirección).
- Cómo está ahora: el estado actual del niño, que suele ser la parte que más tranquiliza.
Cuándo llamar en vez de escribir
Para incidencias que requieren atención médica, golpes en la cabeza o cualquier situación con dudas, siempre es mejor una llamada telefónica en el momento, no un mensaje. El mensaje escrito es para incidencias menores y para dejar constancia después de haber hablado, no para reemplazar la conversación cuando la situación lo requiere.
Dejar constancia siempre, incluso en lo menor
Aunque la incidencia sea mínima, conviene que quede registrada por escrito (no solo comunicada verbalmente al recoger al niño), tanto para la familia como para la propia escuela. En Soleado, esto se puede anotar directamente en la nota del día del niño, quedando guardado en su historial.
