La cesta de los tesoros es una cesta baja y resistente llena de objetos cotidianos de materiales naturales (madera, metal, tela, cuero, piedra, papel) que se ofrece a bebés que ya se sientan solos pero todavía no se desplazan, más o menos entre los 5-6 y los 10-12 meses. El bebé elige, toca, chupa, golpea y compara los objetos por su cuenta, mientras la educadora se sienta cerca, disponible pero sin dirigir. La propuso la pedagoga británica Elinor Goldschmied y es uno de los recursos más sencillos y más ricos que puedes tener en el aula de bebés. En esta guía tienes qué es exactamente, por qué funciona, qué objetos poner y cuáles evitar, cómo organizar la sesión con varios bebés y qué observar.
Qué es la cesta de los tesoros y de dónde viene
Elinor Goldschmied (1910-2009) se formó como maestra en el Instituto Froebel de Londres y más tarde como trabajadora social psiquiátrica. Tras la Segunda Guerra Mundial trabajó en Italia con bebés de instituciones y familias desfavorecidas, y allí observó algo que hoy parece evidente: los bebés sentados que tenían a mano objetos reales y variados se concentraban durante mucho rato y exploraban con todo el cuerpo. De esa observación nació el «treasure basket», que ella consideraba su aportación más importante. Más adelante asesoró escuelas infantiles en Italia, el Reino Unido y también en Barcelona, por lo que su propuesta está muy arraigada en las escuelas 0-3 de España.
Goldschmied y Sonia Jackson recogieron la propuesta en el libro People Under Three, junto con su continuación natural para niños que ya andan: el juego heurístico. Si tu aula es de 1-2 años, te interesa la guía de juego heurístico en el aula de 1 a 2 años; la cesta es el paso previo.
Por qué funciona: lo que aprende un bebé con la cesta
A esta edad el bebé conoce el mundo sobre todo con la boca y las manos. Piaget llamó a esta etapa sensoriomotora: el pensamiento del bebé está en la acción. La cesta le ofrece justo lo que necesita para esa acción:
- Variedad sensorial real. Un juguete de plástico tiene casi siempre la misma temperatura, peso y textura, aunque cambie el color. Una cuchara de metal está fría y pesa; una piña es rugosa y ligera; un trozo de cuero huele. Goldschmied desaconsejaba expresamente llenar la cesta de plástico por su pobreza sensorial.
- Elección y toma de decisiones. Nadie le da un objeto: el bebé decide cuál coger, cuánto tiempo y qué hacer con él. Es una de las primeras experiencias de iniciativa propia.
- Concentración. Con una cesta bien preparada y un adulto tranquilo cerca, es habitual ver periodos largos de atención; las fuentes sobre Goldschmied hablan de bebés concentrados hasta una hora. No es una meta que haya que cumplir, pero sí una señal de que la propuesta funciona.
- Coordinación ojo-mano y motricidad fina. Coger, soltar, pasar de una mano a otra, golpear dos objetos o meter uno dentro de otro.
- Seguridad emocional. El juego es individual, pero ocurre cerca de una figura de referencia. Esa presencia es la base segura desde la que el bebé se atreve a explorar, una idea muy ligada a la teoría del apego de Bowlby.
Encaja también con la mirada de Emmi Pikler sobre la actividad autónoma: el adulto prepara el entorno y respeta la iniciativa del niño. Si trabajas en esa línea, te puede interesar el artículo sobre el método Pikler en el aula 0-3.
Cómo preparar la cesta de los tesoros paso a paso
El recipiente
Goldschmied describía una cesta redonda de mimbre resistente, de unos 35 cm de diámetro y entre 10 y 13 cm de alto, de lados rectos y sin asas. La idea es que el bebé sentado alcance todo sin esfuerzo y pueda apoyar el brazo o el codo en el borde sin que la cesta vuelque. Si es demasiado alta, el bebé no ve el contenido; si es demasiado baja o ligera, se vuelca y se pierde la propuesta. Revisa que el mimbre no tenga puntas sueltas.
Cuántos objetos
Las fuentes que recogen su trabajo hablan de una colección amplia, del orden de 80 a 100 objetos, aunque no tienen por qué estar todos a la vez. En la práctica, muchas escuelas empiezan con 40-60 objetos y los van rotando. Lo importante es que la cesta esté llena: abundancia y variedad son parte de la propuesta.
Qué objetos poner, por familias de materiales
- Naturales: piñas grandes, conchas grandes, piedras pulidas de gran tamaño, esponja natural, corcho, una calabaza seca, un limón o una naranja enteros.
- Madera: cucharas y espátulas de cocina, aros de cortina, pinzas grandes sin muelle, cubiletes, una castañuela, un cepillo de uñas de madera.
- Metal: cucharas, un batidor de varillas pequeño, un manojo de llaves grandes sujetas con una anilla, una taza o un cuenco pequeño, un colador de té grande, cadenas cortas de eslabón grueso.
- Tela, cuero y lana: un monedero de cuero, un guante, pompones de lana grandes, retales de terciopelo o fieltro, una bolsita de tela cosida con algo dentro que suene.
- Papel y cartón: un tubo de cartón resistente, una libreta pequeña de tapas duras, papel encerado o de aluminio arrugado en bola grande (supervisado de cerca y sustituido al deteriorarse).
- Cepillos y otros: brocha de maquillaje limpia, cepillo de dientes nuevo, brocha de afeitar, un tubo de goma corto y grueso.

Qué no poner nunca
La seguridad manda sobre cualquier idea bonita. Revisa cada objeto pensando en que irá a la boca:
- Nada que quepa entero en la boca ni piezas que puedan desprenderse (botones, cuentas, tapones, ojos de muñecos).
- Nada de monedas, imanes, pilas de botón ni objetos con pilas.
- Nada con cordones o cintas largas que puedan enrollarse en el cuello.
- Nada afilado, astillado, oxidado ni con pintura o barniz que se descascarilla.
- Ningún alimento pequeño o duro: frutos secos, legumbres sueltas o semillas, aunque estén dentro de un bote que el bebé pueda abrir.
Para recordar al equipo cómo actuar si algo se atasca, repasa el artículo sobre prevención del atragantamiento y ten actualizada la formación en primeros auxilios.
Cómo usar la cesta de los tesoros en el aula de bebés
La cesta no es un juguete más del aula que se deja en una esquina: es un momento preparado. Un esquema que funciona bien:
- Elige el momento. Después de un descanso o un rato tras la comida, cuando los bebés están despiertos y tranquilos. Un bebé con sueño o hambre no va a explorar.
- Prepara el espacio. Una zona del aula sin tránsito, con una alfombra firme y, si algún bebé aún no se sostiene del todo, cojines detrás como apoyo.
- Forma un grupo pequeño. Lo habitual es sentar a dos o tres bebés alrededor de la misma cesta, cada uno con acceso cómodo. Más bebés generan conflictos por el espacio y hacen difícil la observación.
- Siéntate cerca, en silencio. La educadora se sienta a la altura de los bebés, atenta y disponible. No ofrece objetos, no enseña qué hacer con ellos, no comenta cada acción. Si un bebé busca su mirada, la recibe con una sonrisa o una palabra breve.
- Interviene solo si hace falta. Cuando un objeto se rompe o se ensucia, cuando un bebé se cae hacia atrás o cuando dos bebés se disputan algo de forma que alguno puede hacerse daño.
- Sigue las señales de final. El bebé te dirá con el cuerpo cuándo ha terminado: se aparta, protesta, se frota los ojos. No hace falta forzar una duración.
- Recoge con calma. Retira la cesta cuando todos han terminado y revisa los objetos antes de guardarlos.
Lo que observas en la cesta vale oro para la familia. En Soleado puedes añadir una nota de actividad en el registro diario de cada bebé («hoy ha pasado diez minutos golpeando dos cucharas») y, si la familia ha autorizado las fotos, enviar una imagen individual de ese momento.
Qué observar mientras el bebé juega
La cesta es también una herramienta de observación privilegiada, porque el adulto no está ocupado dirigiendo. Algunas preguntas útiles:
- ¿Qué objetos elige primero y a cuáles vuelve? ¿Prefiere metal, tela, madera?
- ¿Cómo los explora: boca, manos, golpeando, agitando, mirando de cerca?
- ¿Pasa objetos de una mano a otra? ¿Usa la pinza o todavía coge con toda la mano?
- ¿Cuánto tiempo mantiene la atención en un objeto y en la actividad completa?
- ¿Mira a otros bebés o lo que hacen con sus objetos? ¿Busca tu mirada?
Anota lo relevante en pocas palabras y, si haces fotografías, que sean para documentar el proceso, no para posar. Así la cesta alimenta tu documentación pedagógica y te da información real para hablar con las familias.
Higiene, mantenimiento y rotación de objetos
Los objetos de la cesta pasan muchas horas en la boca, así que necesitan una rutina de cuidado clara:
- Limpieza: lava los objetos de metal y otros materiales lavables con agua y jabón con frecuencia, y siempre que un bebé con mocos o fiebre haya jugado con ellos. Los de madera, con un paño húmedo y bien secos. Los textiles, a la lavadora.
- Revisión: antes de cada sesión, un vistazo rápido a astillas, piezas sueltas, óxido o costuras abiertas. Lo que esté deteriorado se retira.
- Rotación: cambia parte de los objetos cada pocas semanas. No hace falta renovar toda la cesta; basta con introducir novedades para mantener el interés.
- Una cesta por grupo: si tienes varias aulas de bebés, mejor que cada una tenga la suya; facilita la higiene y la organización.
Un ejemplo de aula: la cesta de los tesoros en el grupo de bebés
En una escuela infantil con un aula de bebés de 6 a 12 meses, la educadora prepara la cesta a media mañana, después de la primera siesta de los más pequeños. Sienta a Martina (8 meses) y a Hugo (9 meses) alrededor de la cesta, con un cojín detrás de Martina, que todavía se va hacia atrás de vez en cuando.
Martina mete la mano directamente y saca una cuchara de metal; se la lleva a la boca, la saca, la mira y la vuelve a chupar. Durante varios minutos alterna la cuchara con un aro de madera. Hugo, en cambio, saca objetos uno tras otro y los deja caer fuera de la cesta; cuando encuentra el manojo de llaves, lo agita y se ríe al oír el sonido. Mira a la educadora, que le devuelve una sonrisa sin decir nada más.
A los veinte minutos Hugo empieza a gatear hacia otra zona: para él, la cesta ha terminado. Martina sigue un rato más. Al final de la mañana, la educadora anota que Martina ya pasa objetos de una mano a otra y que Hugo muestra mucho interés por los objetos sonoros, algo que tendrá en cuenta al rotar la cesta la semana siguiente. Hugo, que ya gatea con soltura, irá pasando pronto a propuestas de juego heurístico.
Checklist para montar tu cesta de los tesoros
- Cesta de mimbre resistente, baja, redonda y sin asas.
- Entre 40 y 100 objetos de materiales naturales y cotidianos, de distintas familias.
- Ningún objeto que quepa entero en la boca, con piezas sueltas, cordones largos, pilas o imanes.
- Zona tranquila con alfombra firme y cojines para quien lo necesite.
- Grupos de dos o tres bebés por cesta.
- Educadora sentada cerca, presente y en silencio.
- Registro breve de lo observado en cada sesión.
- Rutina de limpieza y revisión antes de cada uso.
- Rotación parcial de objetos cada pocas semanas.
- Explicación a las familias de qué es y por qué no hay juguetes de plástico (ideal para la reunión de inicio de curso).
Si buscas más ideas para esta franja de edad, tienes una selección de actividades sensoriales para bebés de 0 a 12 meses y otra de juegos para bebés de 6 meses que complementan muy bien la cesta.
Una propuesta sencilla que merece un sitio fijo en la rutina
La cesta de los tesoros no necesita presupuesto ni material especial: necesita una buena selección de objetos, un espacio tranquilo y una educadora dispuesta a mirar más y a intervenir menos. A cambio, ofrece a los bebés algo muy valioso: tiempo para descubrir el mundo a su ritmo, con todos los sentidos y con la seguridad de tener cerca a alguien de confianza. Dale un lugar estable en la semana del aula de bebés y verás cómo cada niño empieza a mostrar sus preferencias y su forma de explorar.
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