La atención temprana es el conjunto de intervenciones que reciben los niños de 0 a 6 años con un trastorno del desarrollo o con riesgo de tenerlo, junto con su familia y su entorno. En la escuela infantil no se diagnostica ni se hace terapia, pero sí se ocupa un lugar privilegiado: la educadora pasa muchas horas a la semana con el niño, lo ve junto a otros de su edad y puede detectar antes que nadie que algo no encaja. Esta guía explica qué es la atención temprana, qué señales de alerta tiene sentido observar en el aula de 0-3 años, cómo registrarlas, cómo hablarlo con la familia sin alarmar y cómo funciona la derivación en España.
Una advertencia antes de empezar: la organización de la atención temprana depende de cada comunidad autónoma. Los nombres de los centros, los formularios y los plazos cambian de una a otra, así que confirma siempre el procedimiento con la consejería correspondiente (servicios sociales, sanidad o educación, según tu territorio).
Qué es la atención temprana y qué no es
La referencia en España es el Libro Blanco de la Atención Temprana, publicado en el año 2000 por el Grupo de Atención Temprana (GAT). Lo define como el «conjunto de intervenciones dirigidas a la población infantil de 0-6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes» de los niños con trastornos en su desarrollo o con riesgo de padecerlos. Esas intervenciones las planifica un equipo interdisciplinar o transdisciplinar.
De esa definición se desprenden tres ideas útiles para el aula:
- No es solo para niños con discapacidad diagnosticada. También se dirige a niños con riesgo: prematuridad, dificultades en el lenguaje, en la motricidad o en la relación.
- No trabaja solo con el niño. La familia y el entorno, incluida la escuela infantil, forman parte de la intervención.
- La rapidez importa. Los primeros años son un periodo de gran plasticidad, y cuanto antes se valore una dificultad, antes se puede acompañar.
Y lo que no es: no es una etiqueta, no es un diagnóstico que ponga la escuela y no es un sustituto de la educación que ofreces cada día. En la práctica, las terapias habituales incluyen estimulación, fisioterapia, psicomotricidad, logopedia y apoyo psicológico, según el catálogo de cada comunidad.
Quién hace qué: escuela, familia, pediatra y centro de atención temprana
Buena parte de la ansiedad que genera este tema en los equipos viene de no tener claro el propio papel. Un reparto orientativo:
- Escuela infantil: observa, registra, comparte sus observaciones con la familia y, si esta lo autoriza, se coordina con los profesionales que atienden al niño. No diagnostica.
- Familia: decide. Es quien consulta al pediatra y quien, en la mayoría de comunidades, solicita la valoración o da su consentimiento para iniciarla.
- Pediatra de atención primaria: es el principal agente de detección en el sistema sanitario, valora al niño y orienta la derivación.
- Centro de atención temprana: valora y, si procede, interviene. Según el territorio se llama CDIAT (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Temprana), CAT, CAIT en Andalucía o CDIAP en Cataluña.
- Equipos de orientación educativa: en varias comunidades existen equipos específicos para el primer ciclo que asesoran a las escuelas infantiles. Pregunta en tu consejería de educación cuál te corresponde.
Señales de alerta que puede observar una educadora
Las señales de alerta no son un diagnóstico: indican que conviene que un profesional sanitario valore al niño. Hay mucha variabilidad normal entre niños, el desarrollo no siempre es armónico (un niño puede ir más lento en el lenguaje y bien en lo motor) y en los prematuros se usa la edad corregida. Lo que preocupa es la ausencia clara de un hito pasada la edad de referencia, la pérdida de habilidades ya adquiridas o la suma de varias señales. Estas son algunas de las que recogen las guías de pediatría de atención primaria como la de la AEPap sobre trastornos del lenguaje y la comunicación. Para el desarrollo esperado en cada etapa, repasa nuestra guía de hitos del desarrollo infantil de 0 a 3 años.
Aula de bebés (0-12 meses)
- No sonríe ante caras conocidas pasados los 3 meses.
- No fija la mirada ni sigue objetos con los ojos después de los 3 meses.
- No gira la cabeza hacia los sonidos hacia los 3-4 meses.
- Manos cerradas en puño de forma persistente o rigidez o flojedad llamativas.
- Sigue sin controlar la cabeza a una edad en que ya debería, o no se mantiene sentado a los 9 meses.
- No señala objetos pasados los 10-12 meses, no balbucea o no usa gestos sociales como decir adiós con la mano hacia el año.
Aula de 1 a 2 años
- No anda de forma autónoma pasados los 18 meses.
- No dice ninguna palabra con intención hacia los 16-18 meses.
- No responde a su nombre de forma habitual.
- No comparte la atención: no mira a donde señalas ni te muestra cosas.
Aula de 2 a 3 años
- No combina dos palabras de forma espontánea a los 24 meses.
- No comprende órdenes sencillas del día a día.
- Su habla resulta muy difícil de entender, o repite frases sin intención comunicativa (ecolalia).
- Juego muy restringido o repetitivo, con poco interés por los demás.
Cualquier pérdida de palabras, gestos o habilidades ya adquiridas es motivo para comentarlo pronto con la familia. Si las señales tienen que ver sobre todo con la comunicación y la relación, te será útil el artículo sobre señales tempranas de autismo en la escuela infantil.

Cómo observar y registrar antes de hablar con la familia
Una impresión suelta («lo veo raro») no ayuda a nadie. Antes de hablar con la familia, dedica dos o tres semanas a observar de forma sistemática:
- Describe conductas, no interpretes. «Hoy no ha girado la cabeza cuando lo he llamado por su nombre en tres ocasiones» es útil; «tiene un problema de audición» no lo es.
- Anota fecha y contexto. Una conducta en el momento de la siesta o tras un fin de semana largo puede tener otra lectura.
- Observa en situaciones distintas: juego libre, comida, cambio de pañal, patio, cuento en grupo.
- Contrasta con otra persona del equipo. Pide a la compañera de apoyo o a la dirección que observe sin decirle antes qué te preocupa.
- Anota también lo que sí hace. Las fortalezas del niño son la mejor forma de empezar la conversación con la familia.
Estas notas forman parte de la información del niño y deben tratarse con la misma confidencialidad que cualquier otro dato personal: solo las ve quien las necesita.
Cómo comunicar a la familia una preocupación sin alarmar
Es la parte que más cuesta. La familia puede reaccionar con alivio («yo también lo notaba»), con miedo o con enfado. Algunas pautas:
- Hazlo en persona y en una reunión tranquila, nunca en la puerta a la hora de la recogida ni por mensaje. Si es posible, que esté presente también la dirección.
- Empieza por lo que el niño hace bien y por lo que disfrutáis de él en el aula.
- Comparte hechos observados, con ejemplos concretos y fechas, y pregunta: «¿Esto lo veis también en casa?».
- Evita palabras diagnósticas como «autismo», «retraso» o «trastorno». No te corresponde y pueden bloquear la conversación.
- Propón un paso concreto: comentarlo con el pediatra en la próxima revisión o pedir cita. Puedes ofrecer un resumen escrito de lo observado para que lo lleven a la consulta.
- Acuerda un seguimiento: una fecha para volver a hablar.
Muchas de estas claves son las mismas que usas al comunicar incidencias a las familias sin generar alarma. Y para preparar el encuentro, te pueden servir las ideas sobre cómo organizar una reunión con padres, adaptadas a una entrevista individual.
Cómo se deriva a atención temprana en España
El circuito concreto cambia según la comunidad autónoma, pero el esquema suele ser parecido:
- Detección: familia, escuela infantil o pediatra identifican una posible dificultad.
- Consulta pediátrica: el pediatra valora al niño y, si lo considera, lo deriva o lo remite a especialistas.
- Solicitud de valoración: la familia solicita la valoración ante el organismo competente. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, los profesionales sanitarios o educativos derivan al niño, pero el procedimiento no se inicia hasta que la familia pide la valoración.
- Valoración interdisciplinar: un equipo evalúa al niño y emite un dictamen sobre si necesita atención temprana.
- Asignación de plaza e intervención en un centro de la red pública o concertada, con un plan individual que incluye a la familia.
En la red pública el servicio suele ser gratuito para la familia (en Madrid lo es), pero puede haber listas de espera. Por eso la detección temprana en la escuela tiene tanto valor: cada mes cuenta. Para saber cuál es el procedimiento en tu zona, consulta la web de servicios sociales o de sanidad de tu comunidad autónoma, o pregunta al equipo de orientación que atiende a tu escuela.
La escuela infantil durante la intervención de atención temprana
Si el niño empieza a recibir atención temprana, la escuela no se queda al margen. El propio Libro Blanco recoge que la intervención se dirige al niño, a la familia y a la escuela infantil cuando el niño asiste a ella, y que esta debe coordinarse con los servicios sociales y sanitarios. En el día a día eso se traduce en:
- Coordinación con el centro de atención temprana, siempre con autorización de la familia: una llamada o reunión al trimestre ya marca la diferencia.
- Incorporar pautas al aula: cómo colocar al niño en el suelo, qué apoyos visuales usar, cómo anticipar cambios.
- Ajustar el horario cuando las sesiones coinciden con la jornada escolar, y avisar al equipo de las ausencias.
- Cuidar la inclusión: el niño es uno más del grupo. Las adaptaciones se hacen dentro de las rutinas, no fuera de ellas.
Caso práctico: Leo, 20 meses, en el aula de 1-2 años
Este es un ejemplo ilustrativo, no un caso real. Leo tiene 20 meses. Anda con soltura, come bien y le encanta el patio, pero su educadora nota que no dice ninguna palabra con intención y que rara vez mira cuando lo llaman. Durante tres semanas anota observaciones fechadas: responde a su nombre en 2 de cada 10 ocasiones, no señala para pedir y sí se ríe mucho con las canciones con gestos. La compañera de apoyo observa lo mismo sin conocer la preocupación.
La directora y la educadora citan a la familia. Empiezan por lo que Leo disfruta, comparten las observaciones y preguntan cómo es en casa. La madre cuenta que el pediatra ya le preguntó por el lenguaje en la última revisión. Acuerdan que la familia pedirá cita con el pediatra llevando el resumen de la escuela, y vuelven a verse al mes. El pediatra solicita una valoración y la familia tramita la solicitud de atención temprana. Mientras llega la plaza, la educadora refuerza en el aula las canciones con gestos y los momentos de juego cara a cara, que ya funcionaban con Leo.
Las observaciones fechadas valen más que una impresión. Con Soleado, las notas de actividad y salud del registro diario de cada niño quedan guardadas por fecha, y la familia recibe la información por un canal propio, lejos del grupo de WhatsApp.
Checklist de atención temprana para la dirección
Un mini protocolo interno que puedes adaptar a tu escuela:
- Identificar qué organismo gestiona la atención temprana en tu comunidad y guardar el enlace y los teléfonos de contacto.
- Saber qué equipo de orientación educativa corresponde a tu escuela y cómo solicitar su asesoramiento.
- Formar al equipo una vez al año en desarrollo típico y señales de alerta por edades.
- Acordar un modelo sencillo de registro de observaciones: fecha, situación, conducta observada, quién observa.
- Definir quién habla con la familia (educadora de referencia y dirección) y en qué plazo tras detectar una preocupación.
- Preparar un modelo de resumen de observaciones para que la familia lo lleve al pediatra.
- Pedir por escrito la autorización de la familia antes de compartir información con el centro de atención temprana.
- Revisar cada trimestre los casos en seguimiento y las pautas acordadas con los terapeutas.
La atención temprana funciona mejor cuando cada pieza sabe lo que le toca: la familia decide, los profesionales sanitarios valoran e intervienen, y la escuela infantil observa con rigor, acompaña y se coordina. Hacerlo bien no requiere grandes medios, sino método, tacto y una comunicación fluida con las familias.
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