La creatividad no es una asignatura ni una actividad puntual de "arte libre" los viernes — es una forma de encarar cualquier momento del día que se entrena, o se apaga, según cómo responde el adulto a las ideas de un niño.
Qué es realmente la creatividad a esta edad
El psicólogo J.P. Guilford introdujo el concepto de pensamiento divergente: la capacidad de generar múltiples respuestas posibles ante una misma pregunta, en vez de buscar "la" respuesta correcta. En infantil, esto se ve en cosas simples: usar un vaso como sombrero, imaginar que un palo es una varita, inventar reglas nuevas para un juego conocido.
Materiales abiertos, más que juguetes cerrados
Un juguete que solo se puede usar de una manera (apretar un botón y esperar el mismo resultado) deja menos espacio a la creatividad que un material abierto: telas, cajas, bloques sin forma definida, que un niño puede convertir en lo que su imaginación proponga ese día.
Cómo responde el adulto, la variable más importante
Cuando un niño propone algo "raro" (usar la cuchara como micrófono, decir que el cielo es verde en su dibujo), la respuesta del adulto marca la diferencia: "eso no es así" cierra la exploración; "contame más sobre eso" la abre. No se trata de no corregir nunca, sino de distinguir cuándo una corrección es necesaria y cuándo solo apaga una idea sin motivo real.
Aburrirse un poco también ayuda
Llenar cada minuto del día con actividades dirigidas deja poco espacio para que un niño invente su propio juego. Momentos de juego libre, sin instrucciones ni objetivo claro, son donde más aparece la creatividad espontánea.
Compartir con las familias esas ideas "raras" que tuvo un niño durante el día, en vez de solo lo que hizo "bien", ayuda a que valoren la creatividad tanto como cualquier otro logro. En Soleado, esa nota se escribe en la misma agenda diaria.
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